domingo, junio 01, 2008

Aspectos estructurantes de la novela y el cuento

La novela


La novela es un texto relativamente extenso. En ella se narra la historia imaginaria o ficticia frente a su medio ambiente. El novelista recorta un trozo amplio de la vida real. Lo modifica y transforma según sus capacidades inventivas. La novela nos da la ilusión de representar una realidad posible y aún reconocible. A través de los siglos, ha tenido formas muy diversas. En tiempos medievales en España, la novela sentimental contaba situaciones amorosas, y la novela caballeresca relataba aventuras del caballero de la corte del rey. Después de la Edad Media, a finales del siglo XVI ya principios del siglo XVII, dos textos se añadieron sustancialmente a la evolución de la novela en España: La vida de Lazarillo de Tormes, y El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Las novelas anteriores habían entretenido al lector con visiones utópicas de las clases altas de la época y de sus héroes nobles. Estas, en cambio, reflejaban la vida de la clase baja de la sociedad con sus anti-héroes vagabundos. Criticaban una sociedad cada vez más compleja y aún satirizaban la literatura anterior, que no representaba debidamente las grandes contradicciones de aquella época y del ser humano.
Así emergió la novela moderna. Entretenía y enseñaba, siguiendo la vieja tradición didáctica. También empezó a asumir una diversidad de formas, que se multiplicarían a través de los siglos. Los elementos poéticos en la novela evolucionaron hasta que en algunas, la historia cronológica de acciones y aventuras se subordinó a una lenta evocación de los estados anímicos de los personajes. Esta preocupación con los sentimientos y pensamientos del ser humano es semejante a la temática de la poesía lírica: el proceso de sugerir por medio de evocaciones, resonancias y concatenaciones por asociación. La novela también asimiló otras formas de expresión y las incorporó en su prosa: por ejemplo, el diario íntimo, el ensayo, la crónica de viajes, y el epistolario o intercambio de cartas. Aún empezaron a desaparecer los límites entre el texto literario y el texto no-Literario. Por ejemplo, en el siglo XX, se conoce el caso de la novela ficticia y el reportaje periodístico que se juntan en una nueva forma de «novela de reportaje».
Se las puede categorizar de muchas maneras. Por ejemplo, la novela introspectiva o psicológica enfatiza lo interno y narra, con detalles, las actividades psíquicas del personaje más que las físicas. Esta novela de ámbito interno describe la sensibilidad del personaje y la complejidad de sus pasiones, sentimientos y pensamientos. Retrata un mundo cerrado y reflexivo de reacciones que tienen los personajes al medio ambiente. En cambio, la novela de ámbito externo pinta, con grandes pinceladas, las acciones de individuos o de grupos colectivos y generaciones a través de cierta época. Presenta más bien un panorama de acciones dramáticas ajustadas al paso histórico. Es claro que en cualquier novela puede haber una mezcla de estos dos tipos opuestos: la que se enfoca en lo externo (acciones y aventuras) y la que se concentra en lo interno (lo psicológico) .
La falta de normas clásicas y rígidas que la controlen ha permitido que la novela siga diversificándose en su temática y forma. Aún con toda esa variedad de tipos en constante evolución, es posible discutir los elementos básicos que se debe tomar en cuenta en una lectura crítica:

  1. El punto de vista narrativo
  2. El ambiente
  3. Los personajes
  4. La intriga
  5. El tema y subtemas
  6. El estilo
  7. El lenguaje
  8. La estructura
  9. El tono

El punto de vista: Todos sabemos que un autor escribe una novela. Pero debemos recordar que ese novelista intenta crear una ilusión de verosimilitud en su ficción. Es decir, trata de hacemos creer que lo que el narrador cuenta es verdad, aunque sean hechos inventados por el escritor. Gana la confianza del lector mediante varios recursos técnicos. Uno de ellos es el punto de vista. El novelista escoge la perspectiva o el punto de vista desde el cual narra la historia o la intriga. Mediante el punto de vista, el autor controla el tipo de información que recibe el lector. Lo oímos todo por medio de la voz del narrador y lo imaginamos todo por sus ojos. La historia puede ser muy diferente según el narrador que nos la cuenta:
1. Por la voz de un narrador, quien no está presente en la novela como personaje y, sin embargo, nos relata todo lo que pasa.
2. La voz de un narrador, quien tampoco está presente en la novela como personaje y, sin embargo, sabe más que cualquier otro.
3. La voz del protagonista o el personaje principal.
4. La voz de otros personajes.
Cada uno de estos puntos de vista altera considerablemente la historia que leemos y la información que sabemos. El punto de vista del narrador de una novela varía según los deseos del autor. El narrador no es el autor, sino una voz que el autor crea para relatar la historia. Hay varias categorías de narradores que corresponden a los ejemplos antes citados:
1. El narrador omnisciente quien lo sabe todo, tanto las acciones como los pensamientos de los personajes. Como si fuera un dios, está presente en todo lugar a todo momento. No es un personaje dentro de la novela; es una voz que llega desde fuera de la historia. Narra en tercera persona. Es el caso del número uno antes citado.
2. El narrador omnisciente limitado quien lo sabe todo desde el punto de vista de un personaje específico más que otros. Está «con» aquel personaje. El narrador mismo no es un personaje de la novela. Narra en tercera persona. Es el caso del número dos antes citado.
3. El narrador protagonista, es decir, el personaje central de la novela. Desde dentro de la novela, él o ella nos cuenta la historia en primera persona. Es el caso del número tres antes citado.
4. El narrador testigo u observador, es decir, un personaje secundario. Narra la historia en primera persona desde dentro del texto. Es el caso del número cuatro antes citado.
5. En muchas novelas, hay una alternancia de varias voces o narradores en diferentes capítulos e incluso dentro del mismo párrafo.

El ambiente: En cualquier discusión del escenario, hay dos elementos básicos: el espacio y el tiempo. La acción, física y/o psíquica, tiene lugar en unos espacios y tiempos específicos. Es posible tener varios escenarios en una sola novela, o solamente un escenario. El tiempo que toma el lector para leer la novela no corresponde necesariamente al tiempo de la acción dentro de esta. Tampoco corresponde el tiempo de la acción dentro de la novela al tiempo que tomó el autor para escribirla. Hay que determinar dónde y cuándo tiene lugar la acción. La velocidad en la lectura del texto se denomina tempus.

Los personajes: Los personajes son seres humanos ficticios. Aun cuando se base su caracterización en personas que han existido, los personajes son productos de la imaginación del novelista. El protagonista es el personaje principal. Es él o ella quien sufre el conflicto principal de la acción y es en él o en ella que se concentra el mayor interés del lector. Los personajes secundarios añaden al desarrollo de este conflicto. El conflicto que tiene el protagonista puede ser de muchos tipos, por ejemplo, físico, psíquico, ético, político, social o religioso. Un protagonista puede luchar físicamente contra la naturaleza, si está perdido en una jungla. O puede luchar psíquicamente consigo mismo, si está obsesionado con sus sentimientos de inferioridad. O su conflicto puede ser político, si combate cierto sistema de gobierno con el que no está de acuerdo.
Muchas veces, no se presenta un solo protagonista sino varios quienes juntos representan un protagonista colectivo. En este grupo de personajes, entonces, se concentra el principal papel o rol de la acción. De ese modo, el grupo de personajes o aun toda una ciudad puede ser el protagonista. La complejidad de los personajes varía. Hay complejos y redondos o sencillos y planos. De los personajes complejos sabemos mucho, porque son bien desarrollados por el autor. A veces, sabemos los diversos aspectos externos, como su apariencia física y sus acciones. También conocemos otros aspectos internos, como sus pensamientos conscientes o sus pesadillas subconscientes. La caracterización del personaje complejo o redondo no siempre tiene todos estos elementos. Retrata el carácter del personaje. Por ejemplo, aunque sabemos poco de la apariencia física de un personaje, éste puede ser redondo. Sus reacciones psíquicas o acciones físicas pueden mostrárnos más que una faceta inmutable y unilateral de su personalidad. En cambio, el personaje sencillo o plano no muestra más que unas características elementales. Tampoco se desarrolla mucho su personalidad durante la novela. Si su función en el texto es tan básica que le falta toda individualidad, puede ser considerado un tipo. El mero hecho de que un personaje no tiene nombre propio no determina necesariamente si es sencillo o redondo. En la novela, es posible tener personajes que carecen de nombre propio. Si la evolución y el desarrollo de su per- sonalidad son complejos, los categorizamos de redondos, no de sencillos. Al observar a los personajes de una novela se debe considerar lo siguiente:

  1. ¿Quién es el protagonista y por qué? ¿Qué conflictos tiene?
  2. ¿Cuáles son los personajes secundarios? ¿Cómo son? ¿Cómo contribuyen al desarrollo de la acción?
  3. ¿Son redondos y complejos los personajes secundarios? ¿ O son sencillas sus personalidades? ¿Hay tipos?
  4. ¿Cómo llegamos a saber algo sobre los personajes? ¿A través de descripciones externas de su apariencia física? ¿A través de descripciones internas de sus pensamientos, sentimientos, pasiones, sueños, obsesiones? ¿A través de descripciones dramáticas que tratan de sus acciones o reacciones?

La intriga o la trama es la historia de los sucesos organizados dentro del tiempo novelesco. En general, no es difícil contar la trama de una novela. En general, el estudiante fácilmente reconoce y entiende la intriga durante la lectura. Es decir, después de buscar en el diccionario el vocabulario que no entienda, puede comprender la mayoría de lo que pasa en la novela. Debido a esta facilidad, no se concentra en los detalles de los demás elementos novelescos como el punto de vista, los personajes, los temas, el estilo. A veces, cuando quiere resumir sus observaciones sobre estos elementos, acaba por dar nada más que un resumen o recuento en sus propias palabras de la intriga. Debe tenerse cuidado de no confundir la intriga con los otros elementos específicos de una lectura crítica. La intriga o la trama no es sinónimo del tema, ni de los otros elementos necesarios para una lectura crítica de la novela.

El tema contiene el principal mensaje o idea de la novela. En general, tiene que ver con el conflicto principal y su resolución. Los sub-temas son desarrollados suficientemente para ser reconocidos, pero no son de tanta importancia como el tema principal. Además del tema y de posibles sub-temas, una novela puede tener un leitmotiv, es decir, una idea expresada en pocas palabras. Estas sirven simbólicamente para hacer que el lector recuerde aquella idea. Un leitmotiv no es un tema. Se parece a un refrán poético o musical que aparece y se repite a lo largo de una obra.

El estilo o la manera individual en que un autor escribe una novela presupone las preferencias del autor y su selección de información, lenguaje y técnicas. El estilo de una novela, como el de un poema lírico, depende de la manipulación de los niveles semántico y sintagmático y del lenguaje connotativo y denotativo. Hay varias formas narrativas básicas de las que se basa el novelista:

  1. La descripción expositiva;
  2. La descripción dramática;
  3. El diálogo o el monólogo interior directo.

La descripción expositiva nos da información sobre los personajes y el escenario desde el punto de vista del narrador. Puede ser externa o interna. Si es externa, es posible que incluya una descripción de sucesos que tuvieron lugar antes de que empezaran los primeros capítulos de la novela, o una descripción de la apariencia física de los personajes (por ejemplo, altura, edad, ropa que lleva o la manera de hablar) o una descripción del sitio de la acción de la obra. Si la descripción expositiva es interna, puede incluir los pensamientos de los personajes, sus sueños, pesadillas y obsesiones. Estas descripciones internas se presentan mediante las muchas formas en que un personaje habla, o piensa en voz alta: por medio del monólogo interior directo o del monólogo interior indirecto. Cuando un personaje parece hablar consigo mismo, puesto que no hay otro personaje presente, estos pensamientos pueden ser comunicados por el narrador omnisciente o el narrador testigo, quien no es el personaje mismo. En este caso, se narra en tercera persona en forma de monólogo interior indirecto. Es decir, el narrador está presente en el monólogo. Si se dan estos pensamientos en la voz del personaje mismo que los está pensando, se llama monólogo interior directo. No hay intervención del narrador en este tipo de monólogo. A veces se refiere a estos monólogos interiores con el término «fluir de la conciencia» (stream of consciousness). Es claro que un solo personaje da voz al monólogo. En cambio, el diálogo es una conversación, discusión o intercambio verbal entre dos o más personajes. Finalmente, la descripción dramática nos da información sobre las acciones y los movimientos de los personajes.
La relativa presencia o ausencia de estas formas narrativas muchas veces controla el tono y el ritmo de una novela. El discurso que percibimos directamente de la boca o la mente de los personajes en forma del diálogo y del monólogo interior directo, tanto como la descripción dramática, tienden a acelerar el ritmo de la trama. Por otro lado, una relativa preferencia por las descripciones expositivas externas frecuentemente retarda el paso de la trama. La acción en una novela no es sinónima del ritmo novelesco. Hay varios tipos de acción en una novela. La acción mental o psíquica, por ejemplo, puede ser muy dinámica o estáticamente meditativa. La acción física puede ser muy rutinaria y, por eso, poco dinámica. Mucho depende del tipo de acción y de la forma narrativa y el punto de vista en que se la expresa.

El lenguaje de la novela varía según la presencia de lo connotativo y denotativo. Por ejemplo, al utilizar muchas metáforas y otras técnicas características de la poesía lírica, se produce un estilo que tiene un efecto sobre el tono y el ritmo de la intriga. El lenguaje puede parecemos filosófico e intelectual o coloquial, como el que usamos todos los días. O puede ser técnico o especializado, según la jerga de un grupo (personajes médicos, por ejemplo) o el dialecto de una región (el sur de España, por ejemplo). El lenguaje depende en parte de la intención del autor, del punto de vista narrativo, del ambiente y de los personajes.

El tono depende mucho de los elementos de estilo y de lenguaje que ya hemos discutido. Por un lado, el autor escoge un narrador y así un punto de vista narrativo . Por otro, más sutilmente tal vez, el autor evoca un tono. Con un vocabulario cuidadosamente seleccionado, crea cierto ambiente. En la poesía lírica, el nivel semántico afecta el tono del texto y del mensaje. En la novela también la selección del vocabulario influye en el tono de la obra entera. Por ejemplo, si se describe un escenario con colores oscuros-negros y grises-y a un personaje que sufre de una enfermedad fatal, el tono novelesco puede ser triste, melancólico o trágico. El tono tiene tantos matices como los sentimientos humanos. Puede ser cómico, sarcástico, irónico, melodramático, fatalista, cínico, pesimista, optimista, meditativo, filosófico, etc.

La estructura es la manera en que el autor organiza la secuencia de sucesos que constituyen la intriga. A diferencia del cuento, en la novela hay suficiente espacio y tiempo para hacer muchas digresiones. Por su extensión, a veces se organiza en capítulos u otras divisiones obvias. Por ejemplo, en vez de capítulos, puede haber entregas como las divisiones de un diario íntimo, o cartas en la novela epistolar. En las tempranas novelas sentimentales, caballerescas y picarescas, la cadena de sucesos era cronológica o lineal, la cual empieza en el presente o en el pasado y se desarrollan los episodios sucesivamente hacia el futuro. El tiempo de este tipo de estructura es diacrónico, o histórico. En épocas más modernas, la novela también puede tener estructura acronológica, o nolineal. Es decir, en vez de contar una historia de desde un pasado hacia el futuro, a la manera en que el hombre mide el tiempo con el reloj o el calendario, el novelista presta más atención al tiempo ahistórico y sincrónico. En este tipo de estructura no-lineal, sucesos y pensamientos de diversos períodos (pasado, presente, futuro) pueden mezclarse en secuencias no-cronológicas. De esta manera, el autor trata de crear un ambiente en que varios sucesos parecen ocurrir simultánea o sincrónicamente. Esta estructura ahistórica puede ser compleja. A través de ella, el autor trata de comunicar varios sucesos a la vez, por ejemplo, la dinámica relación entre actividades conscientes y subconscientes del personaje, o varias subintrigas relacionadas entre sí. Pero la literatura, como la música, es una arte secuencial. Es decir, las palabras o sucesos, como las notas musicales, habitualmente aparecen en orden secuencial. Pero un autor nunca puede sincronizar las partes de la novela en el verdadero sentido de la palabra sincronizar: En una pintura, una escultura o un collage, sí es posible. Pero con la literatura y la música, el escritor y el compositor intentan alterar esta cronicidad habitual. Lo hacen por medio de sucesos que vuelven a aparecer y confundirse entre sí, o con episodios que se convergen desde ángulos distintos dentro de la misma obra. Este tipo de estructura es más lírica que narrativa, más poética que anecdótica. El lenguaje connotativo sugiere el mensaje. Las imágenes o los significantes evocan o sugieren, de muchos modos, el significado. Pues la estructura novelesca también, a veces, toma una forma parecida al poema lírico. Cuando tiene muchas pequeñas intrigas o fragmentos de sucesos que vienen de diferentes períodos, el novelista combina estas múltiples intrigas. Muchas veces hay escenas retrospectivas (flashbacks), que ocurren fuera 'de la secuencia cronológica. Estas retrospecciones desde el pasado son insertadas por el autor en la narración en el presente. Nos dan información desde el pasado que complementa y contribuye al significado principal de la acción presente. En una novela de estructura cerrada hacia el final se resuelve el conflicto o el dilema de la intriga. Como resultado, al terminarla, el lector queda satisfecho porque siente que la acción ha terminado. En otras novelas, el episodio final es parte de una larga serie de sucesos que no parecen resolver definitivamente el conflicto de la acción. Es decir, al terminar la novela y cerrar el libro, el lector siente que la acción y los episodios continúan. Este tipo de novela tiene una estructura relativamente abierta. Pero en otras hay una estructura más definitivamente abierta. En ellas, los hechos se contradicen y los personajes son ambiguos. A veces, es difícil saber dónde tiene lugar la acción en cualquier momento. El autor presenta los episodios novelescos como frag- mentos desconectados de un gran mosaico. Al final de la novela, no hay una aparente solución al conflicto o los conflictos. De esa manera, la estructura de la narración, desde el principio hasta el final, contribuye a la inseguridad de la lectura. El lector se encuentra forzado a intentar una reconstrucción lógica de los fragmentos de la intriga. Incluso durante la lectura, puede sentirse perdido e inseguro y aún después de tratar de organizar los pedazos de una intriga caótica según dicta la lógica, el lector encuentra que la interpretación que ha dado probablemente es sólo una interpretación entre muchas.
El lector de este tipo de novela u obra es muy activo, porque siempre está tratando de juntar información para imaginar el desenlace. Es un lector-partícipe en la lectura de una obra abierta. y con su estructura narrativa, refleja la relatividad del conocimiento de la persona moderna y la fragmentación de su mundo. Al observar la estructura de una novela, debe considerarse:

  1. Las divisiones más obvias-capítulos, secciones, etc.
  2. La secuencia narrativa de episodios: cronología, acronología.
  3. La posible fragmentación de la intriga en múltiples intrigas.
  4. Un final cerrado o abierto.
  5. Una estructura tan ambigua y contradictoria que Vd. se siente inseguro y ve la necesidad de recomponer la intriga para entenderla mejor; obra abierta.

El cuento


Durante la Edad Media en España, se leían fábulas sánscritas de Persia, traducidas al árabe y luego al español. Estas fábulas marcaban el origen del cuento hispánico. En El libro de Calila e Dimna, por ejemplo, las fábulas eran didácticas pues enseñaban y aconsejaban a ser sabio y prudente. Las tramas de estas fábulas eran de una creación imaginativa y fantástica, pero estaban basadas en la realidad. Eran sencillas, sin adornos complicados. Sin embargo, a diferencia del cuento moderno, había en ellas digresiones. Las fábulas se encajaban una dentro de otra. Esta técnica es tolerable en la novela pero no en el cuento, puesto que rompe con la tensión de la trama y con el hilo narrativo. El cuento no se define sólo por su brevedad y porque, en general, se puede leerlo de un tirón. Aunque mucho es reducido en el cuento, como, por ejemplo, el desarrollo de varios personajes, otros elementos son exagerados. La economía ocurre con el número limitado de personajes en comparación con la novela. Tampoco hay tiempo para desarrollar el carácter de los personajes, como en la novela. Además, el interés en ellos reside más bien en su circunstancia y situación, y no en su personalidad y su evolución, como en la novela. Aunque puede haber escenas retrospectivas, en general, la intriga del cuento no permite muchas digresiones, como en la novela. En eso, la estructura cuentística se asemeja más al drama. Junto a esta acción única, hay la unidad de impresión necesaria para atrapar la atención del lector durante la lectura y para aislarlo del mundo que lo rodea.
Desde las primeras palabras del cuento, la intensidad de la narración y la tensión son de principal importancia. Se elimina toda idea o situación de relleno o transición; estos elementos están presentes en la novela, pero no en el cuento. En parte, se consigue la intensidad por medio de una condensación de los sucesos en el tiempo y el espacio. No hay partes independientes de la estructura total sino un orden de subordinación. El cuento, como el poema lírico, sólo se comprende en su totalidad. y como el poema, también se desenvuelve de modo centrípeto, o sea, por medio de convergencias, asociaciones y correlaciones de sus partes. El mundo del cuento no es completo como el de una novela, sino parcial. Con frecuencia, la acción empieza in media res; es decir, el cuento empieza en medio de la acción sin que sepamos mucho de las circunstancias anteriores o pertinentes a la intriga, ni de los personajes. Se mantiene la tensión de esta narración breve por su forma sintética y económica, que esencialmente se enfoca en las acciones físicas y psíquicas de los personajes. Para describir estas características del cuento, el escritor argentino Julio Cortázar sugirió la siguiente metáfora del boxeo: la novela gana por puntos mientras que el cuento gana por knockout. Cortázar ofreció otra metáfora para describir la diferencia entre el cuento y la novela, comparándolos con la fotografía y la película. A nuestro parecer, la comparación describe la importancia del elemento de apertura que tiene el cuento. La novela es como una película en que se ven varias perspectivas sobre el mismo asunto. El cuento, en cambio, es como una fotografía en que se recorta sólo una pequeña imagen de la realidad. Esta breve imagen sugiere que hay más de lo que podemos percibir escondido detrás o más allá de la foto. Del mismo modo, el cuento crea una apertura en nosotros, los lectores. No nos da suficiente relieve sobre el asunto para que formemos un cuadro completo de lo sucedido. Imaginamos la continuación de la historia más allá del texto. Por eso, hablamos de una apertura. Tomando en cuenta las importantes diferencias entre la novela y el cuento, veremos que la lectura crítica del cuento incluye ele- mentos básicos de la lectura de la novela. Por lo tanto, es posible referirse a las secciones anteriores sobre la novela. Para una lectura crítica del cuento se debe considerar:

  1. El punto de vista narrativo
  2. El ambiente
  3. Los personajes
  4. La intriga
  5. El tema y los sub-temas
  6. El estilo
  7. El lenguaje
  8. El tono
  9. La estructura.

El punto de vista Las categorías para el punto de vista narrativo son comparables a las de la novela.


El ambiente es comparable al de la novela con la diferencia de que, en general, no hay tanta variedad de escenarios.


Los personajes: En el cuento el número de personajes es reducido y el desarrollo de las personalidades es esquemático. En unos cuentos el enfoque es psíquico, mientras que en otros cuentos más largos, se perfila el carácter del personaje con más detalles. Pero nunca llegan los personajes a ser tan complejos como en la novela. Así es que, con la excepción de las categorías sobre los personajes complejos o redondos y los sencillos o planos, se puede seguir los cánones de la novela.

La intriga Será más obvio el conflicto del protagonista en el cuento que en la novela. Fíjese en este conflicto dentro de la intriga y su desarrollodurante el cuento.


El tema En general, no hay sub-temas de relieve en el cuento.


El estilo: sigue las normas de la novela.


El lenguaje: Vea esta sección con respecto a la novela


El tono No hay tanto espacio en el cuento como en la novela para evocar un tono, sin embargo, por la brevedad del cuento, es más fácil, a veces, mantener un tono o ambiente único. Hay casos en que la intensidad de la narrativa cuentística aumenta el tono.

La estructura: Aunque se permiten escenas retrospectivas y aún una estructura acronológica en el cuento, el orden secuencial predomina tradicionalmente. Muchas veces, hay una postergación de información para crear suspense. No hay sub-intrigas. y la estructura tiende a ser relativamente abierta al final, no necesaria- mente porque esperamos que continúen otros episodios parecidos, como puede ocurrir en la novela, sino porque el final del cuento provoca una apertura en el lector. La lectura persuade al lector a meditar sobre la experiencia tan es- quemática y rápidamente presentada del cuento.
Puesto que la cronicidad del cuento predomina, muchas veces se habla del desarrollo del cuento como si obedeciera a las partes principales de la estructura clásica del drama. La estructura clásica del drama se divide en exposición o prólogo, intensificación, momento obligatorio o clímax, y resolución o desenlace. De estas divisiones hablaremos más detenidamente en el Capítulo IV sobre el teatro. En algunos cuentos es posible encontrar estos componentes estructurales. La exposición, si la hay, es muy breve e incluye información sobre el protagonista y su situación. También plantea el conflicto principal. Puesto que el cuento empieza in media res, la exposición no siempre se aísla de la intensificación, sino forma parte de ella. La intensificación de la intriga ocurre cuando se disminuyen las alternativas que tiene el protagonista para resolver su conflicto. El momento obligatorio en el cuento ocurre cuando la crisis del personaje llega al momento de mayor intensidad, y el protagonista se ve forzado a resolverla. La resolución, en general, no está presente en el cuento puesto que requiere una disminución de la tensión y una vuelta al equilibrio. Si el cuento es un subgénero de apertura, pocas veces tiene una resolución cerrada. Así se ve que, en parte, estas divisiones estructurales pueden ser adaptadas del drama clásico y discutidas con relación al cuento. Al leer un cuento, se debe considerar:

  1. La secuencia narrativa
  2. Las escenas retrospectivas, si las hay
  3. La información postergada
  4. Cómo se crea suspenso
  5. Si hay un final sorprendente o inesperado.

NOTA: No hemos logrado determinar la fuente de este material. Sin embargo, por lo esclarecedor hemos decido publicarlo con la sola intención de aportar mayor información al tema. Por otra parte, hemos realizado corrección de vocabulario y signos de puntación para su mejora.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola
La información redactada es una estupenda información.
La fuente que no conocias, es de un libro. Aqui te dejo la pagina

http://books.google.es/books?id=LbiC7mUbrfUC&pg=PA47&lpg=PA47&dq=el+cuento+en+la+edad+media+en+espa%C3%B1a&source=web&ots=ZZZV0AtrZ7&sig=Nw_kn1BL7fZQgRCnV3m31QToKy8&hl=es&sa=X&oi=book_result&resnum=7&ct=result#PPA37,M1

De todas formas, tu pagina es muy util ya que podems coger la infomación copiandola.
Gracias :)

Los Molinos de viento dijo...

Muchas gracias por tus palabras. ¡Feliz 2009!